Dirección: Pedro Almodóvar
Nos encontramos con el prototipo de un anti héroe muy particular, un romántico, un loco nocivo para la sociedad, el típico perdedor inadaptado, se entremezcla con su opuesta condición, la princesa del castillo, un ser perfecto que tiene poco para dar y mucho que perder. Junto van formando parte de una historia con la cual es muy fácil quedarse enganchado en cuanto a comedia e intriga corresponde.
En realidad, hay muy poco que reprocharle a una película hecha con tantos elementos entrañables que van desde la irresistible simpatía de sus personajes hasta los emotivos sobresaltos que genera la evolución secuencial en la actitud de Marina, llegando al clímax con una escena de sexo inundada de auténtica pasión únicamente superada por el "no lo sé," más dolorosamente sincero, jamás dicho.
Sin embargo, no dejaron de entrometerse un par de escena eróticas innecesarias, y un final muy repentino, pero que a fin de cuentas cumple con dejar una inocente lección en la representación más extraña de que el fin justifica los medios.
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